Se gradúa la cuarta cohorte de líderes de paz

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La Academia de Liderazgo para la Paz (AlaPAZ) gradúa su cuarta cohorte de líderes regionales para aplicar sus conocimientos en el territorio para construir paz.

El pasado 28 de febrero del 2020 se llevó a cabo la graduación de la cuarta cohorte de la Academia de Liderazgo para la Paz (AlaPAZ), una iniciativa de la Fundación Compaz y la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, que busca dar herramientas socioemocionales y de liderazgo a personas que trabajan en territorio.

Hombres y mujeres provenientes de varias regiones del país, abatidas por el conflicto armado, estuvieron durante una semana en un viaje emocional en el que pueden reconocerse a ellos mismo y a los otros. A través de los diferentes talleres reciben herramientas de liderazgo para replicar en sus comunidades.

La ceremonia contó con la participación de María Margarita, Paca, Zuleta, directora de la Escuela de Gobierno; Juan Manuel Santos, fundador de la Fundación Compaz; Michelle Obando, participante de esta versión de AlaPAZ; y Camilo Bonilla, facilitador de la Academia de Liderazgo para la Paz, de quien compartimos su discurso.

 

Discurso de cierre ALAPAZ 4.0

Parece irreal estar acá. Le agradezco a la vida por darme la oportunidad y el honor de ser, en esta ocasión, la voz de muchas de las voces y sentires más amorosos, fuertes y resilientes que he conocido. De poder estar hablando en frente de las personas que me han inspirado y he admirado desde hace años aún sin conocer. Muchas con las que no me he conocido en persona antes, pero sí en la esperanza y soñando ese sueño de un futuro en paz.

Aquí va del corazón para todos y todas.

Debo empezar por el principio y, lastimosamente, uno donde cualquier parecido con lo absurdo y la locura es pura realidad. Un principio de niños tomando las armas, de personas desaparecidas, de almas esperando toda la vida una despedida y de familiares buscando respuestas en la muerte… Buscando un lugar para saber a sus amados fallecidos y saber de un lugar al cual poder llevarles flores. Infancias interrumpidas, mujeres abusadas y muchas historias escondidas.

Como toda historia, es importante respetarla, reconocerla y escucharla, sobre todo porque nos dará siempre los motivos, el amor y la fuerza infinita para amar como nunca ese otro lugar en el tiempo donde nada de esto se vuelve a repetir.

Es justamente ese lugar, ese siguiente capítulo que vamos a escribir, lo que nos hace hoy encontrarnos en esta cuarta edición de la Academia de Liderazgo para la Paz. Un espacio en donde con el corazón y el propósito puestos en el centro, todos somos estudiantes y todos somos profesores. Un espacio que no es más que un honor al amor a la vida, donde le abrimos el alma a nuestras sombras y buscamos más luz en ellas. Un espacio para crecer y donde, como decía nuestra gran maestra Maite Careaga, “nada de lo humano nos es ajeno”. Un espacio para querernos a nosotros mismos como nunca y ser más fuertes para construir paz como siempre.

Aquí nos encontramos para encontrarnos en el otro. Nos reunimos para sentir, soltar y sonreír del corazón, y así, poco a poco, como decía Lali, poder ir soltando el caparazón. Como dicen los Relatos del viejo Antonio: "Dolerse en el dolor del otro", pero también fortalecernos en la fuerza del otro, amarnos en el amor del otro y soñarnos en los sueños de todos.

Alguna vez leí en un texto algo que nunca olvidaré. La educación antes que cualquier otra cosa, siempre debe darle a las personas algo que nunca se podrá comprar y es eso que llamamos esperanza. Y eso es ALAPAZ: un espacio en el que nos reunimos para vivirla y recordar que existe, que sigue ahí, viva, muy viva.

Después de unos días intensos de emociones, acuerdos, desacuerdos, lágrimas, risas y, en definitiva, humanidad… Llegamos al final de esta Academia que es no es más que otro comienzo.

Adentro y afuera de nosotros, sigamos moviendo montañas, empujando el cielo, sosteniendo la luna, abriendo las aguas y llamando la energía de la tierra.

Sigamos con toda nuestra intención y corazón confiando en el proceso y mucho más en la realidad de la magia, que en los disparates de la realidad.

Recuerden lo que decía Facundo Cabral: “Una bomba hace más ruido que una caricia. Pero, por cada bomba que destruye, existen millones de caricias que construyen la vida”. Sé que el camino no es y no ha sido fácil. Y es por eso que quiero que recuerden siempre que por cada lágrima de dolor que cae y por cada herida que se abre, hay millones de heridas que se curan y muchas lágrimas que dejan de caer por lo que son y por lo que hacen.

En cada sonrisa, en cada abrazo, en cada luz que encienden se seguirá haciendo camino para sentir ese futuro que soñamos en el presente, donde como dice y nos enseña nuestro querido Ferley, sabremos que todo, todo, hasta lo más doloroso, valió la pena.

Gracias de todo corazón por abrirnos sus almas y por enseñarnos tanto. Gracias por regalarle a esta tierra en cada sonrisa, cada lágrima, cada historia y cada abrazo, día a día, la esperanza.

Gracias a cada una y cada uno por darnos la oportunidad de empezar otra vez por el principio y darnos más fuerza para querer como nunca y como siempre ese futuro en paz que soñamos.

Nunca se imaginó la guerra que una de sus hijas se iba a llamar paz. Una hija de mil caras, mil historias, mil colores, que se despliega a una velocidad mística y quizás silenciosa, pero por tanto, mucho más poderosa.

Veo en todos y cada uno y cada una de ustedes, el amor, la fuerza y la esperanza que quiero que mis hijos y mis nietos tengan toda la vida.

Nacimos en paz hoy, volveremos a nacer mañana y volveremos a nacer hasta que sea para siempre.