Otro gol de la ministra del Trabajo

Sigo obsesionado con la colisión entre los economistas y los políticos. Me parece grave que los políticos no atiendan los argumentos de los economistas. Aunque también es cierto que los economistas no saben venderlos y pasan, entonces, por una secta arrogante. Pero me resisto a aceptar el cortoplacismo y el populismo de los políticos y los gobernantes.

Los economistas salieron mal librados de la ley de financiamiento, aprobada por el Congreso a finales del año pasado. Y, no obstante las buenas noticias en los balances de las empresas por la baja de los impuestos, persisten las preocupaciones sobre el problema fiscal más allá del 31 de diciembre de 2019. Ya comienza a hablarse del aplazamiento de gastos y de la venta de activos –8,5 por ciento del capital de Ecopetrol, entre otros– para financiar el gasto corriente (‘vender la vajilla para pagar la comida’). Aunque fue claro en la discusiones en el Congreso y el Gobierno que, al contrario de la recomendación de los economistas, estaban concentradas en el corto plazo y no en la solución, por un buen tiempo, del desequilibrio estructural de las finanzas públicas.

En los primeros días del año, la ministra del Trabajo volvió a ganar la partida. El ministro de Hacienda nos acababa de informar que entre sus planes para el nuevo año se encontraba la presentación de la reforma pensional al Congreso, cuando la ministra anunció que esta no iría este año, sino el próximo.

Ahora resulta que la reforma de las pensiones, que es absolutamente prioritaria y acerca de la cual existe suficiente ‘ilustración’, requiere otra mesa de concertación y que en el proyecto del Gobierno no se elevará la edad de jubilación. Otro gol de la ministra, que se suma al incremento del 3 por ciento real del salario mínimo, que le costará al Gobierno, en este año, 2 billones de pesos que no se presupuestaron.

Los males del sistema pensional colombiano son bien conocidos. En su columna en Portafolio (18 de enero de 2019, p. 30), Mauricio Reina escribió que nuestro caso era “vergonzoso: apenas uno de cada tres colombianos aporta al ahorro pensional, y solo uno de cada cuatro logra pensionarse”. A pesar de la baja cobertura, el déficit pensional público es altísimo: 39 billones de pesos anuales, el 17 por ciento del recaudo tributario.

Y la inequidad es inaudita: 5.993 personas recibieron 1,05 billones de pesos en 2017, al tiempo que aproximadamente 2 millones de personas recibían 29 billones. Saquen ustedes el promedio de lo que le correspondió a cada pensionado.

Ahora bien. El censo de población del año pasado mostró contundentemente el envejecimiento de los colombianos. Lo cual justifica elevar las edades de jubilación y señala la gigantesca necesidad de ahorro futuro para financiar las pensiones. Ese ahorro lo van a tener que hacer los individuos en el sector formal, a través de su cotización a los fondos privados de pensiones y a Colpensiones, y todos los colombianos, mediante el pago de impuestos.

La peor política pública en relación con las pensiones es postergar indefinidamente la solución del problema. Algo que deberían entender la ministra y los políticos. Si no se actúa rápido, se va a agravar en el tiempo el problema fiscal y el país va a tener dentro de unos años buena parte de su población vieja y pobre. Este es un mensaje fácil de comprender que no debería pasarse por alto, aun en un año de elecciones regionales.

Los problemas, por más complicados y graves que sean, solo sirven para resolverlos. A los colombianos, sin embargo, no nos gusta darnos las pelas. Le damos patadas al balón, esperando que alguien, más adelante, vea a ver cómo sale de los líos. Es lo que está haciendo la ministra del Trabajo. Y eso no es buen gobierno.

Carlos Caballero Argáez, 01 de febrero 2019 , El Tiempo