Volatilidad, confusión e incertidumbre

Toca escribir sobre economía. El mundo está muy convulsionado. Hay una buena dosis de incertidumbre respecto al futuro cercano. Además, en Colombia la confusión es muy grande. Tanto que, recientemente, un prestigioso banco internacional, al comentar sobre el riesgo de invertir en deuda colombiana, titulaba su opinión preguntándose si el vaso estaba ‘medio lleno o medio vacío’.

Yo soy de los que ven el vaso medio vacío. Aunque dos agencias calificadoras internacionales de riesgo –Moody’s y Fitch– dieron un parte de tranquilidad en la tercera semana de mayo con respecto a la percepción de los inversionistas extranjeros sobre Colombia, los indicadores del comportamiento de la economía en el corto plazo son preocupantes.

El producto interno bruto (PIB) se estancó entre el cuarto trimestre de 2018 y el primero de 2019; el desempleo viene en aumento, y se han destruido empleos; el precio internacional del petróleo se descolgó a principios de la semana, y el desbalance externo –medido por el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos– se ha incrementado peligrosamente.

Es cierto que en la semana hubo buena noticias. Como la del mayor flujo de la inversión extranjera directa en el primer trimestre del año con respecto al mismo período del 2018. O la previsión del Banco Mundial sobre el crecimiento económico colombiano para 2019, 3,5 por ciento. Aunque –me dicen los informados– esa proyección está trasnochada porque no tuvo en cuenta los datos más recientes del Dane. Y es que a estas alturas del año es difícil proyectar que la economía crezca muy por encima de 3 por ciento.

La volatilidad del peso colombiano es otro factor de inquietud. En mayo, la devaluación fue de 4,4 por ciento, pero en los dos primeros días de la semana se corrigió la tendencia. En buena parte por la medida de la junta del Banco de la República, el viernes pasado, de suspender el programa de acumulación de reservas internacionales que venía ejecutando desde octubre del año pasado, por cuanto el precio internacional del petróleo bajó en cerca de 10 pesos por barril.

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Es difícil proyectar el comportamiento de las variables económicas, sujetas como están al estilo de gobernar del señor Trump. El presidente de Estados Unidos ya no solo impone aranceles a su antojo a las importaciones de China, sino también a las de México. Castiga a este país por no hacer lo suficiente para detener la migración de centroamericanos a Estados Unidos. Con razón, el editorialista de Portafolio se preguntaba qué pasaría si la retaliación fuera contra Colombia por no lograr reducir el flujo de drogas hacia Estados Unidos (‘Estamos avisados’, 4 de junio de 2019, p. 29).

Los estudiosos del impacto de la elevación de los aranceles gringos sobre los índices económicos llegan a la conclusión de que el peor de los escenarios es la guerra comercial con China, en combinación con un incremento de las tasas de interés en Estados Unidos. De ahí que en los últimos días haya señales de que el Banco de la Reserva Federal, el Fed, va a reducir su tasa de interés en vista de que, en diciembre de 2018, los dos factores en conjunto –el comercial y el monetario– causaron una fuerte caída de las bolsas de valores en ese país. Además, se está corriendo el riesgo de que los chinos liquiden parte de la enorme inversión que mantienen en bonos del Tesoro de Estados Unidos.

En un entorno internacional tan confuso, desordenado e incierto, el manejo de la economía colombiana es mucho más exigente que en cualquier otra coyuntura. Es importante que los déficits –el fiscal y el de la balanza de pagos– no se amplíen y, por sobre todo, evitar el populismo, que tanto agrada a los políticos.

Carlos Caballero Argáez  07 de junio 2019, El Tiempo