La jugada del ministro Carrasquilla

La estrategia es reducir los gastos del Gobierno central para alcanzar varios objetivos.

El ministro Alberto Carrasquilla nos ha dado otra de sus sorpresas. Esta vez fue la presentación del Marco Fiscal de Mediano Plazo, la semana anterior. Un documento exhaustivo, coherente y, sobre todo, optimista, con un programa económico austero y antipopulista. Es importante que, precisamente por eso, el partido de gobierno y el Gobierno en general no se lo vayan a destruir.

En la presentación del marco fiscal, el ministro hizo énfasis en que el panorama fiscal para los tres años que restan del mandato está despejado y en que, por lo tanto, no habrá más cambios tributarios en lo que resta de la administración Duque. La noticia genera tranquilidad entre los agentes económicos. Implica que el cronograma de rebaja en los impuestos a las empresas se va a cumplir, lo cual, por sí solo, estimularía la inversión de capital. Pero también, que no se van a eliminar los impuestos antitécnicos que abundan en el sistema tributario. Algo necesario, que se le ha dejado a un futuro gobierno.

La estrategia es reducir los gastos del Gobierno central para alcanzar varios objetivos. Uno es mantener el déficit fiscal en un nivel inferior al autorizado por el Comité de la Regla Fiscal para este año y ajustarse a la trayectoria prevista para los próximos años. Otro, generar el que se conoce como superávit primario –el excedente entre los ingresos y los gastos antes del pago de intereses sobre la deuda del Gobierno–. Y, si lo anterior se cumple, reducir el endeudamiento público, que ha llegado a niveles inquietantes, como que supera el 50 por ciento del producto interno bruto.

La dura apuesta del ministro Carrasquilla aspira a un crecimiento de la economía de 3,6 por ciento en este año, 4 por ciento en 2020, e, incluso, 4,2 por ciento en 2021. Ritmos que no se vislumbraban entre los analistas a principios de este año y sobre cuya obtención en la realidad existen muchas dudas por los riesgos que se corren y el apoyo político que implican. No de las entidades del exterior –el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Ocde–, sino de los expertos colombianos. Yo mismo, en la columna pasada, dudaba sobre la posibilidad de que la economía pudiera crecer este año por encima del 3 por ciento, en razón de las malas cifras de crecimiento del primer trimestre del año.

La idea tras la ‘austeridad’ planteada por el Gobierno es que los recortes en los gastos estimulan el crecimiento, abriéndole espacios al sector privado. Los incrementos en los impuestos serían contraproducentes por su efecto negativo sobre el crecimiento. Hay una escuela de pensamiento, liderada por el profesor Alberto Alesina –recordado en Colombia por haber encabezado hace unos años la misión sobre reformas institucionales–, que promueve la ‘austeridad’ y se opone a otras, más de moda en el mundo en la actualidad, que, por el contrario, se despreocupan de los déficits fiscales y los aumentos en el endeudamiento de los gobiernos.

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En contraste con la ruta de política económica escogida por el Gobierno, un artículo reciente de Miguel Urrutia y Christian Robles, publicado en la revista Desarrollo y Sociedad de la Universidad de los Andes (n.° 82, primer semestre de 2019), llega a la conclusión de que los impuestos a las personas naturales no atentan contra el crecimiento económico y sí permitirían mejorar la distribución de los ingresos en una sociedad tan desigual como la colombiana. Textualmente, los autores afirman que “la distribución del ingreso en Colombia puede mejorar con una combinación de mayores impuestos a las personas más ricas y un mayor gasto social dirigido a las personas o familias en los deciles de más bajos ingresos”.

El ministro ya jugó sus cartas. Habrá que esperar a ver si gana la partida.

Por: Carlos Caballero Argáez  21 de junio 2019, El Tiempo