Tributación y pensiones

La caída de la ley nos ha sumido otra vez en la incertidumbre sobre las reglas de juego tributarias.

Las formalidades para aprobación de los proyectos de ley en el Congreso de la República son importantes. Especialmente las relacionadas con asuntos tributarios. El lema antiguo de los ingleses de que no puede haber ‘tributación sin representación’ justifica la decisión de la Corte Constitucional de declarar inexequible la ley de financiamiento de 2018.

Pero la caída de la ley nos ha sumido otra vez en la incertidumbre sobre las reglas de juego tributarias. El Gobierno ya presentó al Congreso un texto, idéntico al aprobado en diciembre del año pasado, para subsanar el error. Sin embargo, es conocido que lo que sale de las cámaras legislativas es siempre diferente a lo que entra. El Congreso es una ‘caja negra’ en la que los gobiernos corren toda clase de riesgos. Mucho más si el Presidente no cuenta con una coalición política que se la juegue por un proyecto tan importante, como sucede en la actualidad.

El problema no es únicamente la incertidumbre. Es también el frenazo de la actividad legislativa. Ya el Gobierno pospuso para 2020, por ejemplo, la presentación al Congreso de la reforma para la ‘protección de la vez’, el eufemismo de la reforma pensional. Tocaba, pero es una lástima. Emprender la discusión de esta reforma es urgente, como lo es que los colombianos se informen y participen en un debate de altura acerca de las pensiones porque su bienestar va a depender de si las reciben o no cuando envejezcan.

Ese debate es difícil. Ya lo vimos la semana pasada. Un documento del Ministerio de Hacienda se filtró, lo publicó el periódico Portafolio, y el expresidente Uribe regañó en el Congreso al ministro Carrasquilla, molesto por la divulgación del pensamiento de los técnicos del Gobierno sobre la propuesta pensional. Y al ministro le tocó desmentir “lo afirmado por cierto diario bogotano” en su entrevista con Yamid Amat el domingo pasado en EL TIEMPO.

De entrada, entonces, se supone que lo que vendrá es impopular, cuando, por el contrario, el sistema pensional actual es ineficaz, inequitativo, regresivo e insostenible hacia el futuro. Reformarlo beneficiaría a la mayoría de la población. Permitiría que la cobertura se incremente (en la actualidad, solo uno de cinco colombianos en edad de pensión se pensiona), que las inequidades se corrigieran –en particular, los grandes subsidios en las pensiones altas del régimen de prima media– y que se contara con los recursos para financiarlo. No de un día para otro, porque habría que respetar los derechos adquiridos de los mayores de cierta edad, pero sí después de unos años.

Es absolutamente elemental que la mesada que recibe una persona pensionada debe provenir de alguna fuente de ahorro. No cae del cielo. Ni puede pedírsele al Estado que la provea con los recursos de los impuestos, como está pasando hoy en día. Tampoco es desde ningún punto de vista aceptable que con esos fondos se subsidie a los individuos de altos ingresos, porque se acentúa la desigualdad. Por consiguiente, para que el sistema ‘cierre’ –como dicen los financistas– y se elimine el desbalance actuarial (lo que se paga por pensiones es sustancialmente inferior a lo que se ahorra para ello), habría que tener un sistema pensional basado en el ahorro de cada persona, y no dos diferentes que perpetúan la inequidad y lo hacen insostenible en el corto, el mediano y el largo plazo.

El recurso escaso para el desarrollo de un país es el tiempo, la velocidad a la cual se van resolviendo los problemas. En lo corrido de este gobierno se ha perdido tiempo precioso en el Congreso. Ahora, vuelve y juega. Con la diferencia de que el lunes próximo, el sol comenzara a irradiar en la espalda del presidente Duque.

 

Carlos Caballero Argáez  25 de octubre 2019 , El Tiempo