¿Apertura o cerradura de la economía?

Se necesitó que la revista 'The Economist' publicara un artículo en el cual se afirmó que la economía colombiana es “en la actualidad tan cerrada como lo era en 1990” para que, de nuevo, se discuta en el país la política de comercio exterior.

Nadie es profeta en su tierra. La nota de 'The Economist' se apoyó en los capítulos de un libro publicado por el Banco de la República en octubre del año pasado al cual varios columnistas nos habíamos referido, sin la más mínima repercusión ni en los medios, ni en el gobierno ni en la academia*. Gracias a 'The Economist', el asunto vuelve al debate, e inclusive hay quienes afirman que “la economía colombiana es más abierta hoy que en cualquier periodo anterior de nuestra historia” (Ocampo, José Antonio, ‘Apertura y desarrollo exportador’, EL TIEMPO, 23 de febrero, p. 1.15).

La comparación del tamaño del comercio exterior de Colombia con el de sus socios de la Alianza del Pacífico –Chile, Perú y México– muestra una distancia muy grande entre Colombia y los tres países. Como se lee en el libro: “La suma de las importaciones y exportaciones representó en el período 2000-2014 el 68 % del PIB en Chile, 56 % en México, 45 % en Perú y 35 % en Colombia”. Colombia se quedó rezagada frente a sus pares latinoamericanos, como lo comprueba el avance del PIB per cápita en Chile y en Perú frente al nuestro. El comercio exterior no ha contribuido al desarrollo económico ni al mejoramiento del ingreso de los colombianos, como sí sucedió en Chile o en Perú. México es un caso peculiar: su economía crece muy poco, pero se ha industrializado gracias a las exportaciones de manufacturas como resultado del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

¿Qué pasó en Colombia después de la apertura comercial de hace treinta años? Si bien el arancel promedio se redujo sustancialmente en 1991 y se ha mantenido en un bajo nivel, el sinnúmero de barreras y medidas no arancelarias adoptadas por las autoridades han resultado, efectivamente, en incrementar los obstáculos para la importación y en proteger la producción nacional frente a la extranjera, con la consecuencia de que las empresas colombianas no compiten, sus costos son muy altos y su productividad es nula.

Los perdedores han sido los consumidores. Los ganadores aquellos que perciben las rentas de la protección que los autores del libro estiman en un 4 % del PIB: “Los montos estimados de las rentas son considerables y se repartieron entre menos de 20.000 firmas importadoras durante 2000-2012. En cuanto a los incentivos para exportar, la protección del 46 % equivalió a gravar las exportaciones con un impuesto del 40 %, el cual sería imposible de legislar con un decreto o una ley”.

La reforma institucional de 1991, con la creación del Ministerio de Comercio Exterior, no dio los resultados esperados. De acuerdo con los autores del capítulo respectivo del libro, hay 25 entidades en la actualidad que expiden normas, imponen controles (11 ministerios y 14 entidades adscritas) y entraban tanto las importaciones como las exportaciones.

Todo lo anterior no implica que las importaciones no hayan aumentado y ahora sean el triple de las de 1990. Pero la economía en su conjunto lo hizo al mismo ritmo, por lo cual la relación importaciones-PIB es la misma de 1995. Y tenemos un preocupante déficit en la cuenta corriente, equivalente al 4,4 % del PIB.

La realidad, entonces, es que más que ‘apertura’ de la economía, hemos experimentado una regresión al pasado: una ‘cerradura’.

Carlos Caballero Argáez
* García García, Jorge; Montes Uribe, Enrique; Giraldo Salazar, Iader (Editores), Comercio exterior en Colombia: política, instituciones, costos y resultados, Banco de la República, 2019

 

Carlos Caballero Argáez  28 de febrero 2020, El Tiempo