Choque y ruptura

'Las decisiones de los gobiernos y personas van a determinar el escenario de los años que vienen'.

A medida que pasan los días y hay más información sobre la magnitud de la pandemia, es más y más evidente que estamos en un momento de quiebre en la historia mundial y, desde luego, en cada una de las naciones que conviven en el planeta.

La ruptura implica que el mundo del mañana será diferente al de ayer y, como lo escribe Harari, que “las decisiones que los gobiernos y las personas adopten ahora van a determinar el escenario de los años que vienen... No solamente en lo que tiene que ver con la salud, sino también con la economía, la política y la cultura” (Yuval Noah Harari: ‘The world after coronavirus’, 'Financial Times', 21/3/2020). No sabemos, entonces, cómo serán Colombia, América Latina y el mundo entero dentro de unos pocos meses y años.

Es muy impresionante la manera como las proyecciones sobre el impacto económico del coronavirus van haciéndose cada día más pesimistas. En el ‘Informe sobre la economía mundial’ divulgado por el Fondo Monetario Internacional la semana pasada se incluyó un escenario extremo en el cual las cuarentenas se extienden en este año y en el 2021 se presenta una segunda ola de infección.

Si ambos eventos se sucedieran, la contracción de la economía mundial podría ser del 6 por ciento del PIB en 2020 y no habría una recuperación en 2021. Las muertes y el empobrecimiento globales serían aterradores. Lo grave es que solo podrían evitarse si los líderes mundiales acordaran una estrategia conjunta y adoptaran las decisiones para llevarla a la práctica. Pero eso no es viable en la actualidad, por lo cual podría repetirse una depresión como la de los años treinta del siglo XX.

Impacta, también, que se presenten eventos como en del lunes pasado, cuando la cotización de la entrega de petróleo en Estados Unidos para el mes de mayo cayó a terreno negativo por la dramática reducción de la demanda y la saturación del almacenamiento. Pero, claro, si la actividad económica está suspendida, si los aviones no están volando, los automóviles están en los parqueaderos y buena parte de las empresas no están produciendo, la demanda de petróleo tenía que colapsar abruptamente.

Y es muy probable que no volvamos al pasado, que la producción supere la demanda de petróleo por mucho tiempo, o para siempre, porque en el mundo nuevo la lucha contra el cambio climático será prioritaria para el planeta. Grave, muy grave para Colombia, que se acostumbró a vivir del petróleo y no diversificó oportunamente su economía.

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Las proyecciones para la economía colombiana también han ido empeorando. El Fondo Monetario Internacional proyectó una caída de 2,4 por ciento, al tiempo que el Gobierno hizo sus cálculos con 1,6 por ciento. Esos estimativos, sin embargo, se han quedado cortos. Fedesarrollo, por ejemplo, corrigió su previsión el martes de esta semana y pronostica ahora una contracción de la actividad económica en un rango de -2,7 a -7,9 por ciento en 2020 y el desempleo, entre 16 por ciento, en el escenario más optimista, y 20,5 por ciento en el más pesimista.

De ninguna manera el ritmo de crecimiento volverá pronto a una cifra como la del 2019. La recuperación, cuando comience, va a ser muy lenta. Es necesario, por tanto, proyectar a más de dos o tres años; es decir, para el gobierno que se inaugure en agosto de 2022. El resto del período del presidente Duque transcurrirá enfrentando este choque implacable que le tocó en suerte. Será recordado como el presidente del ‘coronavirus’. Y de su manejo dependerá el país de las nuevas generaciones.

Mientras tanto, la política electoral irá adquiriendo relevancia con el paso de los meses y va a estar estrechamente ligada con la superación del coronavirus, el ambiente social y el comportamiento de la economía. Estamos en el momento del cambio.

Carlos Caballero Argáez, 24 de abril 2020 , El Tiempo