Proyecciones económicas y riesgos políticos

Los estimativos del Ministerio de Hacienda parten de supuestos de difícil realización en la práctica.

Cada día es más claro el dramático impacto de la ‘gran cuarentena’ sobre la economía mundial y, obviamente, sobre la colombiana. La proyección del Fondo Monetario Internacional, divulgada a mediados de la semana pasada, es desoladora. Frente a esta, la del Ministerio de Hacienda en el ‘Marco fiscal de mediano plazo’ es no solo optimista, sino arriesgada y difícil de llevar a la práctica.

El Fondo Monetario prevé una contracción para América Latina de 9,4 por ciento en 2020 y una recuperación de 3,7 por ciento en 2021. La economía de la región se va a demorar en volver al tamaño que tenía en diciembre de 2019. Su reactivación será más lenta que la de los países desarrollados. El mercado de trabajo tardará en recobrar su dinámica, empeorando el desempleo, la desigualdad y la situación de pobreza. “Una crisis sin precedente tendría una recuperación sin precedente”, concluye el Fondo. Lo que quiere decir que la salida de las crisis del siglo XX no puede extrapolarse a la de 2020. Esta será más lenta. Razón por la cual habría que proyectar en Colombia con un escenario de mediano plazo que incorporara la ejecución de cambios de fondo en la economía.

Al tiempo que el Fondo Monetario calcula una contracción de la actividad productiva en Colombia del 7,5 por ciento en este año, el ‘Marco fiscal de mediano plazo’ del Gobierno Nacional trabaja con una caída de 5,5 por ciento y espera una recuperación el años próximo de 6,6 por ciento, con lo cual a fines de 2021 la economía habría vuelto a su tamaño de 2019.

En este escenario, el presidente Duque entregaría a su sucesor una economía en crecimiento y ajustada, después de los desequilibrios ocasionados por el manejo de la pandemia, que llevarían el déficit fiscal en este año al 8,2 por ciento del PIB en el presente año –el más abultado desde la guerra de los Mil Días– y del 5,1 por ciento en 2021. Simultáneamente, el indicador de la deuda del Gobierno Nacional alcanzaría un pico en 2020 e iniciaría un descenso sostenido en los años siguientes. Sería, por decir lo menos, un logro extraordinario.

Los estimativos del Ministerio de Hacienda parten de varios supuestos de difícil realización en la práctica. Uno es que el gasto público que ha tenido que ejecutarse para hacer frente a la pandemia y aislamiento social –aproximadamente 27 billones de pesos– se eliminaría de tajo el año próximo. Otro, que en 2021 se aprobaría una reforma fiscal para generar algo así como 20 billones en 2022 por la vía de aumentar los recaudos tributarios, reducir el gasto y vender participaciones en el capital de empresas estatales.

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El cumplimiento de las proyecciones del ‘Marco fiscal de mediano plazo’ requiere un esfuerzo político descomunal. Necesita un compromiso vertical del presidente Duque, como lo ha sugerido el exministro Junguito –y la búsqueda de un acuerdo político alrededor de la reforma tributaria, las privatizaciones y la recomposición del gasto público–. Los políticos tendrían que dejar de lado las propuestas populistas y someterse a dicho acuerdo. Todo esto en la segunda mitad del período presidencial, cuando senadores y representantes comienzan a pensar en su reelección.

De no llegarse a un consenso político mínimo alrededor del programa gubernamental, se correría el riesgo de que la economía se deslice sin rumbo, a la deriva, hacia el futuro. Una perspectiva muy peligrosa por sus impredecibles consecuencias políticas, no exentas del autoritarismo o el populismo desenfrenado.

Y si alguna lección se desprende de las crisis del pasado, como lo trae a cuento el columnista Bello en 'The Economist', es que una recesión tan profunda como la actual puede generar cambios en los regímenes políticos en la región. Ojalá esta no sea la suerte de Colombia.

Carlos Caballero Argáez, 03 de julio 2020, El Tiempo