Elementos para despejar el horizonte

Hacer frente al desafío que se tiene por delante exige un acuerdo político de amplia envergadura.

La superación de la crisis económica y social en que nos ha sumergido la pandemia causada por el coronavirus va a tomar mucho tiempo. Pero, como lo afirmó recientemente el pensador francés Jacques Attali en este diario, “la humanidad aún no comprende la profundidad de la crisis ni el costo de la resurrección”.

Con excepciones muy contadas, en Colombia los funcionarios públicos, los políticos, los magistrados y jueces, los empresarios, los sindicatos y los gremios tampoco parecen darse cuenta de la dimensión de los cambios que ha traído consigo el coronavirus ni de sus consecuencias futuras. Se cree que en año, o año y medio, se habrá regresado a una cierta normalidad. Sin embargo, los estudiosos de las crisis económicas saben bien que para retomar los niveles anteriores a su estallido, el PIB per cápita demora, en promedio, entre siete y ocho años. De ahí la urgencia de no confundir ‘reactivación’ con ‘recuperación’ (Carmen y Vincent Reinhart, ‘The Pandemic Depression-The Global Economy Will Never be the Same’, Foreign Affairs, sept./oct. 2020).

Las reformas estructurales

Traigo lo anterior a cuento por la importancia de separar entre las medidas de corto plazo para enfrentar los efectos de las cuarentenas y promover la ‘reactivación’, y las de largo alcance, las de la ‘recuperación’, para colocar la economía en una senda de crecimiento sostenible y atacar la pobreza y la desigualdad. En un mundo nuevo ahora, desconocido, en el que probablemente las pandemias sean frecuentes y se requiera actuar sobre el cambio climático de manera más apremiante, exigente y contundente.

Las acciones de mediano y largo plazo equivalen al catálogo de las reformas estructurales que es necesario diseñar desde ya, al tiempo que simultáneamente se buscan los acuerdos políticos para implantarlas. Toca hacerlo con urgencia, por la incertidumbre y la desconfianza que ha generado la pandemia en todo el mundo. Nadie pide que aquí se discuta en el Congreso una reforma tributaria en este semestre, pero sí que se prepare el terreno para que el año próximo sea posible aprobarla y despejar la incertidumbre sobre las reglas de juego bajo las cuales van a operar los agentes económicos en esta década.

Es en este sentido en el que entiendo el excelente documento que divulgó Fedesarrollo en días pasados y en el cual, después de revisar la triste realidad de los obstáculos de toda índole que se atravesaron en el desarrollo del país en los últimos cincuenta años, causando su rezago en términos de crecimiento y bienestar social, concluye que, en ausencia de reformas estructurales y como consecuencia del covid -19, “el panorama de crecimiento económico para 2020-2030 luce desalentador, con un ritmo proyectado de 2,5 por ciento anual”. Con reformas en varios frentes, la cifra podría acercarse al 6 por ciento anual (Arbeláez, María Angélica y Mejía, Luis Fernando, ‘Barreras al aumento de la productividad y el crecimiento en Colombia’, julio de 2020).

Una conclusión que llama a la responsabilidad de los dirigentes colombianos en todas las esferas de la actividad nacional para evitar una catástrofe social y política en los años por venir.

El pacto sobre lo fundamental

Hacer frente al desafío que se tiene por delante exige un acuerdo político de amplia envergadura. La verdad es que desde el Frente Nacional el país no ha contado con un consenso político que le permita hacer frente de manera ordenada a sus problemas. 

Hubo un destello hace treinta años, que quedó trunco. Y su ausencia explica la absurda polarización que se vive hoy en día, a la cual poco contribuyen las decisiones de los jueces y las reacciones de las facciones políticas. Un bloqueo que impide superar la pandemia y despejar el futuro.

Carlos Caballero Argáez, 14 de agosto 2020, El Tiempo