Las ideas viejas no son aplicables ahora

En el nuevo entorno hay que apuntarle a la expansión de la producción orientada a las exportaciones.

Hemos entrado en una nueva etapa de la pandemia, pero falta mucho camino por recorrer hasta ver la luz al final del túnel.

En entrevista para la revista Semana, Gabriel Jaramillo Sanín, quien lideró la coalición empresarial para asesorar al Gobierno en la compra de la vacuna, informó que solamente en 2023 podría llevarse a cabo un masivo plan de vacunación contra el coronavirus en Colombia. Tendremos, pues, que adaptar a esta realidad la vida personal, familiar, social, económica y política

No hay regreso a la vieja normalidad. La pandemia, con sus efectos de distinta naturaleza, es el más grave y apremiante de los múltiples problemas que nos afectan. En superarlo y en sentar las bases de una nueva economía deberíamos concentrar todos nuestros esfuerzos: los individuales y los colectivos, los locales y los nacionales.

Es necesario asimilar los cambios que trajo consigo la primera etapa de la crisis –la dramática contracción del PIB, el desempleo, el cierre de empresas y el aumento de la pobreza– y diseñar una estrategia de acción para los próximos años, que nos permita sobrevivir y progresar como sociedad.

El paradigma económico al cual se ciñó el manejo económico en los últimos treinta años, con su énfasis en la ortodoxia y la estabilidad macroeconómica, no es aplicable en la actualidad. Estamos en tiempos de desequilibrio y cambio. La inflación ha dejado, por ahora, de ser un problema. Lo estamos comprobando. El Fondo Monetario Internacional acaba de aprobar el incremento en una línea de crédito importante a Colombia, una parte del cual se desembolsará al Banco de la República para que éste, a su turno, lo transfiera al gobierno y apoye la financiación del déficit fiscal de este año. Algo impensable hace siete meses.

En el nuevo entorno no nos podemos quedar quietos; “entumecidos”, diría un buen amigo. Hay que apuntarle a la expansión de la producción orientada a las exportaciones. La demanda de bienes no provendrá del mercado interno. La conversación con un grupo de empresarios antioqueños de las nuevas generaciones, así como las recientes conferencias virtuales de Augusto de la Torre y Juan Carlos Echeverry me recordaron, otra vez, la importancia de contar con una política de crecimiento ‘hacia afuera’ y de un gobierno proactivo que la ponga en práctica. Eché de para atrás treinta años, a la creación de Bancóldex, en 1991.

Un exportador comentaba que en cinco años se podrían vender al exterior 1.000 millones de dólares en aguacate Hass, una cifra parecida a la de la exportación de flores o banano en la actualidad. Un caso similar podría darse con el cacao y el cannabis, para poner otros ejemplos relacionados con la agricultura. En la industria se abren las oportunidades para proveer cadenas de suministro antes basadas en China. Para ello, el Gobierno tiene que reducir licencias y trámites, facilitar la logística, el paso por las aduanas, la financiación, etc.

No se trata de escoger sectores a dedo, pero sí de apoyar la producción y el transporte de aquellos productos con amplias posibilidades en el mercado externo. Apostarle a los que muestren su potencial y promover su expansión. Atender las iniciativas de los empresarios relacionadas con la exportación de productos nuevos, ojalá con un alto valor agregado y ojalá, también, desde las costas o regiones lejanas de las estrellas.

* * * *

Las reformas económicas que seguramente se discutirán en el Congreso el año próximo no pueden diseñarse desconectadas de la estrategia de desarrollo para los años futuros. En particular la laboral, que tiene que propender a facilitar la generación de empleo rebajando los costos de la formalidad y flexibilizando la contratación.

Carlos Caballero Argáez, 09 de octubre 2020, El Tiempo