Juan José Echavarría y el manejo monetario

El Banco de la República pierde a un magnífico gerente en un momento de crisis económica en el país.

Que por razones familiares el gerente del Banco de la República, Juan José Echavarría, hubiera renunciado a su candidatura para un segundo período al frente de la entidad habla bien de sus calidades humanas. Como él mismo lo informó en la entrevista que sostuvo el domingo pasado en estas páginas, en la toma de esta decisión se debatió entre la parte de su ser que lo animaba a continuar en el cargo y la que lo empujaba a dedicarse a su mujer, víctima de una compleja enfermedad.

El Banco de la República pierde a un magnífico gerente en un momento en el cual la economía colombiana atraviesa la peor de las crisis en los casi 100 años de existencia de su banco central. No puedo estar de acuerdo, entonces, con quienes consideran que la junta del Banco no ha entendido ni la magnitud del desplome económico ni la tragedia social que ha traído consigo.

El Banco y su junta han hecho en esta oportunidad mucho más por la salud de la economía de lo que pudo hacer en ocasiones anteriores. No solamente la tasa de intervención en el mercado monetario es la más baja desde 1991, como que en 10 meses cayó de 4,25 a 1,75 por ciento anual, sino que nunca había expandido la liquidez, transitoria y permanente, en la forma como lo ha hecho a lo largo de este año mediante la compra de títulos emitidos por las entidades financieras y por el mismo Gobierno (aproximadamente 40 billones de pesos). De no haber sido así, el país estaría frente a una crisis económica aún más profunda que la que vivimos en la actualidad.

Ahora bien. A finales de septiembre el Fondo Monetario Internacional les aprobó al Banco de la República y al Gobierno el incremento de la denominada Línea de Crédito Flexible (FCL, por sus siglas en inglés) de 11.000 a 17.200 millones de dólares. La suma adicional, 6.200 millones de dólares (aproximadamente 24 billones de pesos colombianos, equivalentes al 2 por ciento del PIB), será transferida por el Banco de la República al Ministerio, lo cual equivale a un préstamo, por cuanto la deuda con el Fondo continuará en cabeza del Banco. Con estos recursos, el Ministerio financiará necesidades de gasto público del presente y el próximo año. De tal manera que no hay tal ortodoxia peligrosa y equivocada, según calificó un columnista amigo, en las actuaciones de la junta del Banco de la República a lo largo de la pandemia.

* * * *

La independencia del Banco de la República fue una de las grandes conquistas de la Constitución de 1991. Permitió controlar la inflación, que, debe recordarse, es el peor de los impuestos y afecta duramente a las clases más pobres. ¡Qué horror sería una inflación alta en una coyuntura como la actual, en que cerca del 70 por ciento de los trabajadores están en la informalidad y su remuneración es inferior al salario mínimo! La junta, además, ha actuado para estabilizar los ciclos de la economía mediante la fijación de la tasa de interés de corto plazo.

El llamado es a respetar y a proteger la independencia del Banco en el nombramiento del nuevo gerente y mantener su reputación dentro y fuera de Colombia. Los medios de comunicación tienen la enorme responsabilidad de facilitar la comprensión de los temas económicos por parte del público y de evitar que la realidad se distorsione y afecte el comportamiento institucional.

Son importantes el debate y la discusión pública. Pero ojalá no ocurra lo de Chile, en donde a los políticos y a las nuevas generaciones parecen tenerlos sin cuidado los logros económicos de los últimos treinta años, y se han impuesto la tarea de derrumbar a todo costo el pasado, en vez de emprender una nueva ola de reformas –como la que requerimos en Colombia– en búsqueda de igualdad y bienestar para toda la población.

Carlos Caballero Argáez, 06 de noviembre 2020, El Tiempo