¿Podrá la esperanza convertirse en realidad?

Si el Presidente quiere que su nuevo lema se plasme en la realidad, tiene que estar encima de la ejecución, comprobando que sus funcionarios hagan las tareas.

8 de agosto de 2014

En el discurso del presidente Santos, hace dos días, en su nueva posesión, describió con claridad los pilares de su visión de la Colombia del año 2025. Un país en paz, con equidad y con educación.

Tal vez es la primera vez que el Presidente nos deja conocer los principios que inspirarán su segundo mandato. Lo importante, ahora, es que efectivamente el Gobierno logre, en estos cuatro años, sentar los cimientos para convertir en realidad esa visión. Es que, como se dice, ‘el diablo está en los detalles’; en este caso, en asegurar que las cosas se hagan, que el Estado funcione.

El primer cuatrienio no fue fácil para el mandatario ni para su gobierno. A pesar de las mayorías en el Congreso, no fue sencilla la aprobación de algunos de los proyectos de ley que presentó el Gobierno.

Unos de estos tuvieron que ser retirados, como la reforma de la educación superior. Otros, en particular la reforma de la justicia, terminaron en un fiasco. A los de carácter económico les fue bien –los de regalías y la reforma tributaria de 2013–, aunque al esquema de regalías sea necesario introducirle ajustes si se quiere, como lo dijo el Presidente, aumentar el conocimiento y lograr que Colombia sea el país más educado de la región.

En lo doméstico hubo, en los cuatro años, muchos anuncios y realizaciones a medias. La trayectoria de los agregados económicos fue satisfactoria, con un muy buen ritmo de crecimiento del PIB, baja inflación y desempleo en descenso, como lo había prometido el nuevo mandatario en su posesión del 2010. La pobreza, calculada por los ingresos de los hogares, también se redujo. Pero la desigualdad, medida por los indicadores sociales de las regiones, se profundizó.

En la calidad de la educación no se avanzó. Por eso el planteamiento del Presidente en su discurso, de centrar la política en mejorar la calidad de los maestros, educarlos y pagarles bien, debe ser muy bien recibido.

En infraestructura, el programa de las concesiones 4G apenas comienza y preocupa que unos pocos grupos colombianos no tengan la capacidad que se requiere para terminar las carreteras a tiempo, como lo queremos el Presidente y todos los colombianos.

En agricultura se avanzó en los primeros años con la aprobación de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, que va a ser crucial en los próximos meses y años, pero los paros y la manera de resolverlos coparon la atención de los ministros en la última parte del período.

En salud hubo tropiezos y excesiva controversia; sin embargo, a pesar de que la reforma ordinaria del ministro Gaviria no se aprobó, se resolvieron problemas específicos y disminuyó el nivel de rechazo de los colombianos al sistema.

Con una buena gobernabilidad –a pesar del odio de los ‘uribistas’ al presidente Santos y a su gobierno–, lo que sale a flote es la dificultad del Gobierno para administrar, para asegurar que el Estado se oriente a la búsqueda de resultados.

Aunque se reacciona a las crisis haciendo anuncios y asignando cuantiosos recursos para enfrentar cualquier problema, en la realidad hay problemas muy grandes de ejecución y/o de corrupción.

Se piensa que los problemas se resuelven con plata y no hay tal; se requieren ideas, conceptos, mejores políticas y, sobre todo, buena gestión pública. Por tanto, si el Presidente quiere que su nuevo lema se plasme en la realidad, tiene que estar encima de la ejecución, comprobando que sus funcionarios hagan las tareas.

A pesar de los grandes desafíos, el más importante de los cuales es, desde luego, poner fin al conflicto armado, las palabras del presidente Santos en su posesión abren espacios a la esperanza de vivir en un mejor país.

Carlos Caballero Argáez.

El Tiempo, 8 de agosto de 2014. ver más