Cualidades del liderazgo presidencial

El individuo debe tener claridad de sus aspiraciones, del cambio que busca generar en la sociedad, y orientar los procesos gubernamentales para lograr los resultados que lo motivan.

He estado leyendo un fascinante libro sobre los últimos cien días del presidente John F. Kennedy. El autor mezcla el relato de la vida privada y pública del Presidente día por día, y dibuja el retrato de un presidente cada vez más seguro de sus decisiones y, también, más preocupado por su papel como esposo y padre de familia. Los temas de esos meses son los que signaron su paso por la presidencia de los Estados Unidos: la guerra fría, los derechos civiles, la carrera espacial y Vietnam (Clarke Thurston, JFK’s Last Hundred Days, Penguin, 2013).

Kennedy, como posiblemente todos los presidentes, se interesaba por la manera en la cual la historia lo trataría. Aspiraba a ser reelegido en 1964. Estaba organizando su nueva campaña presidencial y programando sus giras. Una primera, al oeste del país había sido muy exitosa. La segunda sería en noviembre al sur, a Texas, en donde poco lo querían por su lucha por los derechos civiles y la desegregación. A esta última iría con Jacqueline; sería la primera vez que lo acompañaba en una gira. En su segundo período avanzaría en sus proyectos legislativos y aspiraba a poner fin a la guerra fría, a evitar a toda costa una guerra nuclear y a retirar los militares de Vietnam.

El autor relata que los presidentes generalmente se obsesionan con la comparación con sus antecesores en el cargo; en este caso, Kennedy quería que la historia lo juzgara mejor que a Eisenhower. Y cuenta que el Presidente leyó con interés un artículo aparecido en la revista dominical del New York Times, en junio de 1962, escrito por el padre de su asesor Arthur Schlesinger, quien clasificó los mejores cinco presidentes de Estados Unidos (Lincoln, Washington, F. D. Roosevelt, Wilson y Jefferson, en ese orden), de acuerdo con las ocho cualidades de un ‘gran presidente’:

“1. Cada uno se desempeñó en un momento crucial de la historia americana; sus oportunas acciones generaron resultados permanentes, independientes de las coyunturas específicas,

2. Cada uno asumió una posición liberal para defender el bienestar general de la población en contra del statu quo,

3. Cada uno actuó magistralmente y con una visión de largo plazo en asuntos internacionales. Todos se preocuparon especialmente por mantener al país fuera de una guerra,

4. Fueron ‘no solamente estadistas constructivos sino políticos realistas’,

5. Cada uno entregó la Rama Ejecutiva del poder más fuerte y más influyente de lo que la había recibido,

6. ‘Afectaron intereses económicos particulares y combatieron prejuicios populares enraizados profundamente en la población’,

7. El pueblo ‘los quiso más profundamente de lo que los odió’. Los votantes americanos los reeligieron para un segundo período,

8. ‘Poseían un profundo sentido de la historia... Así como les era esencial obtener la aprobación en las encuestas de opinión, también se preocuparon por su sitio en la historia’.

Kennedy cumplía con estas ocho cualidades”.

Las cualidades anteriores definen el liderazgo presidencial. Es que el hecho de ocupar la presidencia de una nación no implica forzosamente que el cargo imprima liderazgo. El individuo debe tener claridad de sus aspiraciones, del cambio que busca generar en la sociedad, y orientar los procesos gubernamentales para lograr los resultados que lo motivan.

Kennedy, que tuvo las condiciones de líder, fue asesinado en Texas y sus planes quedaron truncados. Paradójicamente su sucesor, Johnson, hizo aprobar por el Congreso su legislación sobre derechos civiles, la más importante, tal vez, del siglo XX. Pero escaló la guerra de Vietnam, lo que los americanos y la historia no han perdonado todavía.

Carlos Caballero Argáez

El Tiempo, 3 de octubre de 2014