Ministro: hay motivos para preocuparse

¿Cuál será la fuerza mágica que permitirá que la economía colombiana crezca por encima del 4 % en este año y en el próximo?

Cambió la dirección de los vientos de la economía mundial. Es, al menos, lo que señalan la trayectoria diaria de los principales indicadores económicos internacionales y las inquietudes de la asamblea anual del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. Cómo será que la directora del Fondo calificó la situación actual como la ‘nueva mediocridad’, para referirse a la rebaja en las proyecciones de crecimiento de la economía mundial divulgadas por esa entidad.

Si yo fuera el ministro de Hacienda de Colombia habría regresado al país bastante preocupado. Si Chile y México se están ajustando a los cambios, Colombia también tiene que hacerlo. Pero en Colombia ese ajuste es más complicado. Por la baja del precio del petróleo y su impacto sobre las finanzas públicas de la Nación.

El viernes de la semana pasada la cotización del crudo perforó, en caída, la barrera de los 90 dólares por barril, un nivel que no se registraba desde diciembre del 2010. Esta semana siguió bajando y no se descarta que continúe para abajo y que ponga en riesgo los proyectos de inversión para extraer petróleo y gas de esquisto (shale gas) en los Estados Unidos.

Para ser rentables, estos requieren un precio internacional de 57 dólares por barril. Y ni mencionar megaproyectos (en el Ártico, por ejemplo) con tecnologías convencionales, que las grandes empresas petroleras ya están abandonando.

Ahora bien, el precio del petróleo ha caído por varias razones. Hay exceso de oferta en el mundo, en buena parte porque Estados Unidos regresó a la autosuficiencia en esta materia, precisamente por el uso de las nuevas tecnologías de extracción de crudo y gas natural. Y las perspectivas del crecimiento mundial –incluyendo las de los países emergentes que sacaron la cara por el mundo en los cinco años pasados– son ahora menos positivas por la pérdida de dinamismo de China, los problemas de Europa oriental y el mal desempeño de América Latina en su conjunto.

Como si fuera poco, la Europa desarrollada amenaza con una deflación –la reducción en los índices de precios–. Hasta las cifras de Alemania, dadas a conocer la semana pasada, fueron mediocres. La demanda de petróleo, entonces, ya se ha resentido. Lo cual, de rebote, fortalece el dólar estadounidense.

Varios países dependen de la exportación de petróleo para cuadrar sus finanzas. En México, la tercera parte de los ingresos tributarios proviene del petróleo y el presupuesto para el 2015 se preparó con una base de 83 dólares por barril. La pregunta obvia es qué pasará en Colombia, que también pertenece a esa categoría y, si mal no recuerdo, proyecta los ingresos del año que viene con un precio de 90 dólares por barril. ¿El famoso faltante de 12,5 billones de pesos del 2015 no se agrandará, exigiendo más impuestos y más recortes de gasto público?

En Colombia se dirá, claro, que la economía está ‘blindada’, que no nos va a pasar nada y que no hay motivos para asustarnos. Pero, ojo: Brasil no va a crecer este año; en Chile, el ritmo de crecimiento bajará a la mitad respecto al año anterior. Y el conjunto de los países emergentes apenas se expandirá al 5 por ciento gracias a China y al sudeste asiático.

¿Cuál será la fuerza mágica que permitirá que la economía colombiana crezca por encima del 4 por ciento en este año y en el próximo? ¿El café? ¿Las obras civiles y la construcción? Francamente, yo no la veo. Menos, todavía, si se van a subir los impuestos, lo que afectará, quiérase o no, las expectativas de los empresarios y la inversión privada.

Ministro: preocúpese porque hay motivos. Pero logre que el Presidente, sus colegas de gabinete y los congresistas, al menos, se pellizquen.

Carlos Caballero Argáez

El Tiempo, 17 de octubre de 2014