Un texto sobre la locura y la anarquía

La mayor locura es que 20 individuos crean saber hacia dónde orientar a la Colombia de hoy.

El mundo está cada vez más loco. O es, tal vez, un mundo nuevo que a los adultos mayores nos es imposible entender. Hay algunos reductos de sensatez o de debate político ilustrado. Pero estos tienden a desaparecer.
Si por fuera están locos, aquí estamos todavía más locos. La sociedad parece haberse decidido por la anarquía. Que cada cual vaya por su lado, sin pensar en nada ni en nadie más. A nadie importan las consecuencias de sus actos, ni el efecto que estos tengan sobre los demás.

Cuánto cueste arreglar un paro, quién gane y quién pierda con ello, importa un pito. Se negocia sabiendo que lo que se acuerde no se va a poder cumplir sino parcialmente y que, en año y medio o dos, la nueva administración tendrá que enfrentar un nuevo paro.

En el Congreso se aprueban leyes, con y sin el aval del Gobierno, con criterios populistas y sin medir impactos sobre el mercado laboral o las finanzas públicas, como pueden ser los casos del adelanto en el 'recargo' nocturno o la rebaja de la cotización a la salud para los pensionados. ¿Y qué tal la locura extrema de la revocatoria del Alcalde de Bogotá por pura politiquería, sin considerar el trabajo de la Administración ni el futuro de la ciudad?

No es una simple polarización. Es algo mucho más profundo. Todo lo que alguien dice o hace se cuestiona, incluyendo decisiones de la vida privada. Si el ministro de Salud valientemente comunica a los medios que le han detectado un cáncer linfático, alguien sale inmediatamente y le replica que 'eso le pasa por no creer en Dios'. Y no hay acuerdo sobre nada.

Es muy extraño que a uno lo contacten de un medio de comunicación para conocer su opinión sobre la entrega de las armas de las Farc. Lo sensato sería que a una supermayoría de los colombianos nos pareciera maravilloso que Naciones Unidas hubiera recibido 7.000 armas, o las que fueran, de las ex-Farc. Pero parece que no. Que a muchos no les gustó por a, b, o z razón. ¿Qué más quieren?

* * * *

La mayor locura es que 20 o más individuos crean contar con la visión de hacia dónde orientar a la Colombia de hoy, en el mundo de hoy, en los próximos años. Con el conocimiento del país, de sus gentes, sus regiones y sus problemas. Con la experiencia pública y el conocimiento mínimo del Estado. Y con el liderazgo que requiere la búsqueda de un nuevo equilibrio social, político y económico en el cual vivamos en armonía los más de 50 millones de colombianos al iniciarse la segunda década del siglo XXI.

La política no es un juego en que unos pierden y otros ganan y no pasa nada. No es un simple deporte aficionado. Ese juego tiene consecuencias para una sociedad y un país en un momento determinado. Lo estamos viendo en Estados Unidos, "la mayor democracia del mundo". Aquí hay que actuar con seriedad e idealismo. Buscando que la sociedad continúe progresando, que la desigualdad se reduzca, que el país se integre geográfica y económicamente.

En un libro que leo por estos días se afirma que todos los presidentes de los Estados Unidos se posesionan pensando en que la tarea es más fácil de lo que la realidad les va a mostrar al día siguiente. Ninguno imagina las demandas que va a recibir ni la complejidad de los problemas. Cuando salen se han echado 50 años encima. Y es muy difícil "tener la imaginación trágica de lo difícil que es asumir la Presidencia".
El 90 por ciento de los veinte candidatos actuales deberían preguntarse si tienen la capacidad para ser presidentes de Colombia. Si el cerebro les dice que no, honesta y corajudamente deberían renunciar al mandato de su ego.

El Tiempo, 24 de junio de 2017 (ver más)