La horrible realidad del populismo

El de América Latina es de vieja data; lo simboliza muy bien el peronismo argentino.

A juzgar por la proliferación de libros y artículos en los medios internacionales y nacionales, el populismo está de moda.

El populismo en Europa y en Estados Unidos es diferente del latinoamericano y el colombiano, aunque ambos tienen elementos en común. El de América Latina es de vieja data; lo simboliza muy bien el peronismo argentino. El colombiano es más exótico porque la política se caracteriza más por el 'clientelismo' que por el 'populismo'. Aunque, como se ha comprobado en las semanas recientes, se cuenta con ambos 'ismos' para ganar elecciones.

¿Qué es el populismo?

Un populista "divide el mundo en un pueblo virtuoso, de un lado, y unas élites corruptas y amenazantes, de otro" (Martin Wolf, 'Orígenes económicos de la oleada populista', Portafolio, 1.° y 2 de julio de 2017, p. 23). El 'antielitismo' es una característica. Otra sería el 'antipluralismo', un peligro para la democracia. El populista considera que sus competidores son inmorales y corruptos y, por supuesto, al llegar al poder no reconocen a la oposición como legítima (Jan-Werner Müller, What is populism?, University of Penn-sylvania Press, 2016, p. 3). Obviamente, los populistas no confían en las instituciones, en las cortes, en los medios de comunicación, en la burocracia o en las reglas monetarias. Sospechan de los mercados libres y del libre comercio. Y desprecian los conocimientos de los expertos.

Hay dos clases de populistas, los de derecha y los de izquierda. Para los unos, algunas razas, los extranjeros y quienes profesan una religión distinta son el enemigo. Para los de izquierda, los trabajadores son "el pueblo" y los ricos, el enemigo; creen en la propiedad estatal de los medios de producción. En Colombia, Alejandro Ordóñez sería exponente del populismo de derecha y Gustavo Petro, del de izquierda.

Los efectos de la globalización explican hasta cierto punto el surgimiento del populismo en el mundo desarrollado y parcialmente en América Latina. La globalización, las innovaciones tecnológicas y la inmigración han desplazado a los trabajadores tradicionales, los 'blue collar workers' en Estados Unidos y en el Reino Unido. Para el profesor Dani Rodrik, "la ola populista hubiera podido predecirse, pero no la forma específica que adoptó... El movimiento progresista de los Estados Unidos y la mayoría del populismo latinoamericano se fueron por el lado de la izquierda, al tiempo que Donald Trump y el populismo europeo representan, con algunas excepciones, la variante de la derecha" (Rodrik Dani, 'Economics of the populist backlash', VOX, CEPR's Policy Portal, 3 de julio de 2017).

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El populismo colombiano es raro. Uno no comprende el afán populista legislativo de aprobar gastos –que 'el pueblo' no pareciera estar pidiendo– "con el argumento de apoyar a los sectores más pobres y necesitados de la sociedad, sin el respaldo adecuado de los ingresos públicos" ('Congreso y estabilidad fiscal', Roberto Junguito, Portafolio, 28 de junio de 2017, p. 30). Un camino irresponsable –la irresponsabilidad es otra característica del populismo– fue la aprobación en el Congreso de dos reformas pensionales y una laboral, que "son altamente populares para los grupos de población a los que van dirigidas –mujeres trabajadoras y pensionados–, pero sus impactos para el bienestar general son cuestionables" ('El costoso populismo legislativo', Rosario Córdoba, Portafolio, 28 de junio de 2017, p. 30).

Los políticos en el Congreso están adoptando tácticas populistas, de izquierda, para reelegirse el año próximo. Si a eso se suma la campaña electoral en este entorno mundial y en medio de la polarización interna, la tecnocracia tiene motivos para estar inquieta sobre el futuro de Colombia.

El Tiempo, 8 de julio de 2017 (ver más)