El lado oscuro de la política colombiana

Después de las elecciones de 2014 se publicó un estupendo libro de Gloria Isabel Ocampo, que reseñé en esta columna: 'Poderes regionales, clientelismo y Estado'. La investigadora reconstruyó la trayectoria de las redes políticas en Córdoba y describió, en detalle, el funcionamiento del clientelismo en ese departamento.

 

La detención del senador Bernardo Elías, el ‘Ñoño’ Elías, me llevó a releer apartes del libro, a lo cual contribuyó, además, la excelente columna de León Valencia en la revista Semana ‘El ‘Ñoño’ Elías o la perversión de la política’ (13 de agosto, 2017, p. 50). Y es que el caso Odebrecht, con todas sus ramificaciones, ha sacado a relucir, una vez más, los efectos destructivos del clientelismo y la corrupción en la relación entre el poder central y los poderes locales.

 

La interacción política entre centro y regiones tiene que cambiar si es que, en serio, en Colombia se quiere que estas últimas progresen y, de paso, combatir la corrupción. Desde hace tiempo el problema se ha diagnosticado, pero no se ha hecho nada para resolverlo. Por eso, en vez de debilitarse, se ha agravado. En la actualidad, el sistema político es más clientelista y más corrupto de lo que era hace 10, 30 o 50 años. Y los problemas sociales, la desigualdad y la pobreza en las regiones han aumentado.

 

Se cae de su peso que Córdoba está sobrerrepresentado en el Congreso Nacional. Nueve senadores y seis representantes, cuando hay departamentos que no alcanzan a enviar al Congreso un senador. Y las mayores votaciones.

El caso Odebrecht ha sacado a relucir, una vez más, los efectos destructivos del clientelismo y la corrupción en la relación entre el poder central y los poderes locales

Gloria Isabel Ocampo cuenta que Elías (hijo de Jorge Ramón Elías Náder, gobernador, representante y senador de Córdoba) “llegó por primera vez a la Cámara en 2006 con 39.774 votos; en 2010, con el partido de ‘la U’, llegó al Senado con 74.247, y en 2014 fue reelegido con 140.143 (84.867 en Córdoba). Por su parte, Musa Besaile arribó a la Cámara en 2002 por el Partido Liberal (Mayorías Liberales) con 52.552 votos..., en 2006 abandonó Mayorías Liberales y se fue como fórmula a la Cámara de Zulema Jattin, cuando esta llegó al Senado por el partido de ‘la U’. Besaile obtuvo 74.000 votos, ocupando el primer lugar en la votación a la Cámara. En 2010 logró llegar al Senado... con 62.059 votos, y en 2014 fue reelegido con 145.402 (82.278 en Córdoba)”.

¿Por qué les fue tan bien a los ‘Ñoños’ en la elección de 2014? Ocampo afirma que ellos “fueron los candidatos más generosamente regalados con lo que se ha llamado la ‘mermelada reeleccionista’, o sea, la asignación de recursos bajo la figura de los cupos indicativos, que fue la figura de la transferencia de recursos estatales a las regiones a través de los parlamentarios, la cual reemplazó los auxilios parlamentarios cuando estos fueron prohibidos por la Constitución de 1991”. La fundación que maneja León Valencia estima que la inversión del ‘Ñoño’ Elías en la campaña de 2014 fue de ¡¡80.000 millones de pesos!!

Y no es solo el clientelismo, aberrante de por sí. Bajo la apariencia de un departamento y unas ciudades que se ‘modernizan’, “en el nivel subterráneo o en el mismo plano, aunque intermitentes en su visibilidad, se mueven la corrupción y la ilegalidad como canales de circulación de poderes y dinero, frecuentemente articuladas a la política, que es otro de los canales de acumulación y distribución”. Pues lo que ocurrió en el caso Odebrecht fue que lo invisible, “el lado oscuro de la política”, saltó a la luz.

Pero la cosa no puede quedarse en un ‘Ñoño’ en la cárcel junto con sus compinches. Hay que agudizar la imaginación para cambiar la relación política entre el Gobierno central y las regiones. El clientelismo y la corrupción no deberían caracterizar el sistema político colombiano en el siglo XXI.

CARLOS CABALLERO ARGÁEZ

El Tiempo, 19 de agosto 2017 (ver más)