Interrogantes sobre unos episodios tristes

Los acontecimientos de las últimas semanas producen una tristeza enorme. La imputación de cargos a José Elías Melo, expresidente de la Corporación Financiera Colombiana, y la renuncia precautelativa de Luis Fernando Andrade, el primer director de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), entristecen. No solo por el impacto emocional sobre los afectados, sus familias y su reputación, sino sobre la calidad presente y futura de la burocracia estatal.
Con todo respeto por las decisiones judiciales, no es justo enviar a la cárcel al doctor Melo ni lo sería, tampoco, encarcelar al doctor Andrade.
 
Razón tienen los 60 empresarios que suscribieron, a mediados de la semana pasada, una moción de respaldo y apoyo incondicional a Luis Fernando Andrade, de quien dieron crédito de “su probidad moral y su impoluta trayectoria profesional”, e hicieron un llamado “para que situaciones tan desafortunadas como esta no minen la voluntad de talentos jóvenes y bien preparados de querer trabajar en el sector público y así ser parte de la construcción de esa Colombia que todos añoramos”.
 
Manifestación idéntica a la de los empresarios sobre Andrade puede hacerse sobre Melo. Lo conozco desde hace más de 30 años. Puedo dar fe de su “impoluta trayectoria profesional”. Fue secretario de la Junta Monetaria al graduarse como abogado en la Universidad Javeriana. Allá lo encontré en 1984. Nos ayudaba a los asesores de la junta con sus conceptos jurídicos y económicos porque entendía a fondo la naturaleza de las decisiones discutidas y adoptadas por la Junta. Posteriormente se desempeñó como superintendente bancario y ministro del Trabajo. Después hizo una muy respetable carrera en el sector financiero público y privado.
 
Es absurdo que estos talentos, bien formados, correctos como pocos y con una experiencia extraordinaria, vayan a terminar molidos por un escándalo que muestra hasta dónde no se trata de simple corrupción, sino de la operación de una “empresa criminal”.

Si esa es la suerte de individuos como Andrade y Melo, ¿qué van a pensar los jóvenes que se preparan para trabajar en el sector público, llenos de deseos de cambiar el estado de cosas en Colombia?

¿Por qué diablos Odebrecht, para ganar unos contratos con la ANI, compró políticos del departamento de Córdoba, uno de ellos con la más alta votación en la elección parlamentaria de 2014? ¿Será, como leí en alguna parte, que el poder de los votos llega hasta la posibilidad de influenciar la decisión sobre un contrato para construir una autopista, cuando esta es resultado de una evaluación eminentemente técnica y financiera? ¿Hasta qué punto se ha incrustado la politiquería en asuntos técnicos del manejo estatal.

Es muy triste. Recuerdo bien la conversación con el doctor Germán Cardona, recién designado ministro de Transporte en 2010, en la cual manifestaba su plan de armar la ANI al estilo de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), con autonomía y capacidad técnica. La idea era extirpar la politiquería de los contratos de infraestructura y hacer así realidad la vieja aspiración de los colombianos de contar con una infraestructura moderna de transportes y una economía competitiva internacionalmente.

Para dirigir la ANI no pudo encontrarse una persona más idónea que Luis Fernando Andrade, quien para la época se encontraba al frente de la firma consultora internacional McKinsey, en donde desarrolló una extraordinaria labor no solo en Colombia, sino en el resto de América Latina. Andrade combinaba la capacidad técnica y gerencial con una enorme calidad humana. Sin duda, se sacrificó personal y familiarmente para aceptar esa ingrata posición en el sector público.

Si esa es la suerte de individuos como Andrade y Melo, ¿qué van a pensar los jóvenes que se preparan para trabajar en el sector público, llenos de motivación y de deseos de cambiar el estado de cosas en Colombia?

CARLOS CABALLERO ARGÁEZ

El Tiempo, 02 de septiembre 2017 (ver más)