Los ‘choques’ del coronavirus

El virus genera simultáneamente dos choques económicos: uno, de la oferta y otro de demanda.

El impacto económico del coronavirus ha sido mayor, hasta ahora, que el de la enfermedad sobre la salud pública mundial. Este último no es despreciable. Pero sus consecuencias con respecto a la población son menos graves de lo que han sido las económicas.

En el caso de Colombia, por ejemplo, en el momento de escribir esta columna había trece casos conocidos (ningún muerto). En cambio, frente a las cotizaciones de hace un mes, el precio del petróleo había caído 70 por ciento y el del dólar se había elevado 17 por ciento. Es muy difícil predecir la trayectoria que seguirán en las próximas semanas la economía mundial, la de América Latina y la de Colombia. Las proyecciones para 2019, formuladas al iniciarse el año, no van a cumplirse. Todo por culpa de un fenómeno externo de consecuencias imprevisibles.

Es probable que el crecimiento económico global, que venía lento, se frene drásticamente y el mundo entre en recesión. Kenneth Rogoff, profesor de Economía de la Universidad de Harvard, escribía en una columna del 2 de marzo (antes de la descolgada del precio del petróleo) que si la expansión de la economía global baja a 2,5 por ciento anual, estaríamos en una recesión –en 2019, el crecimiento fue de 2,9 por ciento– (That 1970s Feeling, Project Syndicate).

A estas alturas, el ritmo de crecimiento de China ya cayó y, lo más grave, la perspectiva a mediano plazo es preocupante por las condiciones propias de su economía, sobre todo por el excesivo apalancamiento de los bancos, las empresas y de los hogares.

El coronavirus genera simultáneamente dos choques económicos: uno, de la oferta –de la cantidad de bienes producidos– y otro de demanda –la cantidad de bienes y servicios que se compran–. Esto no sucedió en la crisis financiera de 2008/2009, que fue solo de demanda y se originó en el sistema bancario. Pero, como anota Rogoff, “cuando millones de personas no pueden ir a trabajar (por cuarentena o miedo), se rompen las cadenas de valor, las fronteras se bloquean y el comercio mundial se retrae porque los países desconfían de las estadísticas de salud de sus socios, lo que afecta sensiblemente la oferta”. En estas circunstancias, se generan fuertes caídas en la producción. Lo cual, a su vez, presiona la inflación. Para no hablar del impacto del temor al contagio –ya sentido en Colombia– sobre las aerolíneas, la hotelería y el turismo.

Uno de los problemas que enfrentan los bancos centrales en el mundo desarrollado es la baja inflación, por lo cual el de la Reserva Federal de Estados Unidos, el de Canadá y el de Inglaterra han bajado sus tasas de interés, y otros seguramente van a hacerlo. Sin embargo, hay cierto consenso entre los analistas de que la solución del problema no vendrá de la mayor liquidez y en que los precios tenderán a subir al entrabarse el comercio mundial. 

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Al contrario de las políticas que se ejecutaron en Colombia en 2009 a raíz de la crisis financiera internacional, no hay margen, hoy en día, para que las autoridades actúen de manera contracíclica para estimular la actividad económica. Es difícil bajar las tasas de interés del Banco de la República cuando la devaluación del peso es tan fuerte y se prevén presiones inflacionarias importadas. Como lo es ampliar el gasto público con un endeudamiento que supera el 50 por ciento del PIB. Esta crisis nos llega en una mala coyuntura económica, por lo cual las autoridades han tenido que actuar por diferentes caminos, como lo hicieron en los últimos días para aliviar a los más afectados.

Una lección para los gobiernos es que mantener el equilibrio macroeconómico es el mejor antídoto contra las crisis. Porque economías como la colombiana son muy vulnerables a cualquier disrupción externa.

Carlos Caballero Argáez, 13 de marzo 2020, El Tiempo