Reanimación económica y petróleo

Colombia continuará dependiendo del petróleo para su desempeño económico en los años por venir.

Cuando en noviembre del año pasado se divulgaron las primeras noticias sobre una efectividad del 90 % de la primera vacuna para el covid, la carátula de la revista The Economist mostró un túnel oscuro al final del cual se filtraban una jeringa y unos rayos de luz. La sensación de vivir en ese túnel fue la dominante en el mundo en los últimos doce meses.

En enero, la travesía por el túnel fue difícil en Colombia. El rebote que se venía registrando en el consumo de los hogares se resintió por las nuevas cuarentenas y los toques de queda.

En febrero, sin embargo, los contagios disminuyeron y se reanimaron los negocios. Así lo señalan los indicadores adelantados de compras en los comercios y en los restaurantes. Llegaron, además –¡por fin!–, las vacunas y, después del espectáculo mediático del Gobierno, los trabajadores de la salud y los mayores de 80 años están siendo inoculados. En buena hora. Los contagios han comenzado a descender en el mundo, por lo cual algunos expertos estiman que, aún sin completar la vacunación, la inmunidad colectiva se estaría incrementando.

Hay otras buenas noticias. Después de la contracción del PIB de 3,5 % el año pasado en Estados Unidos, para el 2021 se está proyectando un crecimiento superior al 5 %. En buena parte, como consecuencia de la vacunación y del agresivo plan de estímulo fiscal del presidente Biden, que inyectaría a la economía US$ 1,9 trillones (US$ 1.900 millones de millones) para reactivar la demanda. Una cantidad que se sumará a las de los últimos doce meses, también enormes. Con todo, la velocidad de la recuperación de la economía mundial no está garantizada; la nueva cepa del covid, ya extendida por todas partes, podría constituirse en un palo en la rueda de la expansión económica (‘Twin peaks’, The Economist, 13 de febrero de 2021).

Un hecho importante para Colombia es el alza del precio internacional del petróleo. La referencia Brent se ubicó el martes pasado por encima de US$ 65 por barril, con un crecimiento de 50 % desde octubre del año pasado. El precio venía en aumento desde antes de la sorprendente nevada en Texas, por la recuperación de la demanda de petróleo, originada, a su vez, en la del transporte marítimo y el aéreo. Es decir, por el crecimiento económico en China y Estados Unidos. Y ahora se prevé que el precio continúe en niveles entre US$ 50 y US$ 70 por barril en el futuro inmediato, hasta la entrada masiva de los vehículos eléctricos en el transporte mundial.

La mala noticia en Colombia es que las reservas de petróleo de Ecopetrol cayeron el año pasado en 6,5 % por el desplome del precio internacional a raíz de la pandemia, que restó atractivo a la búsqueda de nuevos yacimientos. Y no es claro que el incremento de los precios internacionales genere interés en explorar en búsqueda de petróleo, como en el pasado. Ni los gobiernos ni las compañías estarían interesados en promover una mayor oferta del crudo, lo que refuerza la previsión de que los precios serán altos en los próximos años. Pero Colombia continuará dependiendo del petróleo para su desempeño económico en los años por venir, y lo peor que le podría suceder sería la pérdida de su autosuficiencia. Es más, debería aprovechar la ‘ventana’ que está abierta en el mundo mientras se llega al pico de la demanda del crudo.

En contra, entonces, de lo que esperábamos hace unas pocas semanas, en este año el petróleo volverá a contribuir a la reactivación de la economía y a generarle recursos fiscales al Gobierno Nacional. Lo que de ninguna manera implica olvidarse de la diversificación de las exportaciones.

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Adiós, Roberto Pombo. Felicidades en su nueva vida. Bienvenido, Andrés Mompotes. Éxitos en la Dirección.

Carlos Caballero Argáez, 26 de febrero 2021 , El Tiempo